La neurosis de los animales domésticos.

lunes, 25 de enero de 2010

Experimentan con perros para detectar enfermedades

¿Sabía usted que estos animales pueden ayudar a identificar la presencia de enfermedades contagiosas en los humanos? En Yucatán, al sureste de México, el proyecto empieza a ser realidad.

Un grupo de científicos recolecta muestras de ADN de los canes para detectar la presencia de algunas enfermedades transmisibles a los humanos, y aplicar acciones sanitarias que eviten problemas de salud pública.

Los perros son un buen indicador de algunas enfermedades, especialmente las típicas de zonas tropicales como Chagas y Leptospirosis, señalan los especialistas.

Estos animales, como otros mamíferos, son reservorios de microorganismos que causan estos padecimientos, explicó Matilde Jiménez, investigadora del Departamento de Enfermedades Infecciosas y Parasitarias de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).

“Nos sirven de centinelas, porque están expuestos a las condiciones ambientales en las que estamos viviendo”, dijo en conversación con BBC Mundo.

Alerta preventiva
Para identificar las enfermedades, los científicos toman muestras de sangre de los perros, y enseguida purifican el ADN, le dijo a BBC Mundo Karla Acosta, también investigadora de la UADY.

“El proceso facilita la identificación de los agentes patógenos y permite su análisis más preciso”, explicó.

También se revisa el entorno del animal portador para determinar posibles factores de riesgo que predispongan al contagio, y reducir de esa manera las posibilidades de transmisión al humano.

El análisis es más profundo en los perros callejeros, que suelen estar más expuestos a los microorganismos.

Una vez identificada la presencia de las enfermedades en la población canina o en los gatos, la universidad hace pública la información y envía un reporte a las autoridades sanitarias de Yucatán para aplicar acciones preventivas que erradiquen y controlen los brotes.

El proyecto se inició en 2001, y desde entonces ha permitido prevenir varios brotes contagiosos a partir del conocimiento de las enfermedades infecciosas que portan los perros callejeros y los que tienen dueño.

Los científicos trabajan además con gatos, que también pueden portar microorganismos de enfermedades transmisibles, como la toxoplasmosis.

Millones con Chagas
Yucatán se ubica en una zona tropical, y por lo mismo sus habitantes están expuestos al contagio de enfermedades como Leptospirosis que, si no es atendida, puede causar daños hepáticos y renales.

También es un sitio con presencia de la enfermedad de Chagas, que en su etapa más severa causa daños a los tejidos del corazón, esófago y colon.

Pero no es el único estado mexicano con ese riesgo. De acuerdo con el Centro Nacional de la Transfusión Sanguínea, unos ocho millones de mexicanos estarían infectados con Trypanosoma cruzi, el parásito que provoca Chagas.

La mayoría no sabe que es portador de esta enfermedad, según datos del centro.

sábado, 16 de enero de 2010

La ciudad y los perros

Cada vez que se registra el ataque de un perro callejero se reabre el debate sobre la forma como debe asumirse el control de estos animales. En él, vale decirlo, acaban enfrentados siempre quienes proponen medidas radicales, como el exterminio de los canes y los gatos sin dueño, y aquellos que consideran que esta práctica es un signo de brutalidad.

Esos episodios, infortunadamente, no han desembocado en la solución definitiva de este problema, que conlleva riesgos potenciales para la salud pública. Para la muestra, dos graves hechos ocurridos las últimas semanas en Bogotá, donde cerca de 15 canes que llevaban meses abandonados en un lote atacaron a un niño de 10 años y le provocaron heridas severas, y en Cali, donde tres turistas de la capital resultaron lesionados por la misma causa.

Tras divulgarse los casos se conoció que el alcalde de Mosquera (Cundinamarca) había decidido enfrentar el asunto con el sacrificio de más de 3.500 perros callejeros que, se calcula, hay en ese municipio. La medida generó la inmediata protesta de defensores de los animales y de dueños de mascotas, que calificaron de "nefasta" la iniciativa.

Es entendible la sensibilidad que el asunto despierta. Perros y gatos han acompañado a los seres humanos desde tiempos inmemoriales. Por esa razón, hoy muchas personas los consideran miembros de sus familias y un rasgo característico de la vida en comunidad.

Pero hay que aceptar que una cosa son las mascotas y otra los animales sin dueño que, al vagar por las calles y sin cuidados de ninguna especie, representan un peligro para la misma gente.
Solo en Bogotá, donde se estima que viven 680.000 perros (90.000 de ellos en el abandono), ocurrieron el año pasado 7.499 accidentes con animales, la mayoría canes, entre los que se cuentan desde lameduras de heridas hasta mordeduras, que ameritaron intervención médica.

En la memoria están frescos, también, los brotes de rabia (una enfermedad propia de la Edad Media) en Santa Marta (enero del 2006) y el Cauca (abril del 2008), a causa de la mordedura de gatos y perros infectados.

Por lo tanto, es de la mayor importancia que todas las secretarías de salud del país pongan en marcha medidas para controlar la población de perros y gatos sin dueño. Eso no se discute. Lo que es claro es que estas deben ir más allá de la captura y el sacrificio. A la larga, la medida resulta inútil si no se emprenden acciones de esterilización y vacunación masiva y si no se hace una difusión más amplia de programas de adopción de mascotas.
Los ciudadanos, por su parte, deben asumir con más seriedad la responsabilidad que implica la tenencia de animales. Descuidarlos y abandonarlos a su suerte no solo es irracional e inhumano; también es una forma de atentar contra el bienestar colectivo.

En este último punto se falla especialmente. Vale decir, por ejemplo, que, pese a los esfuerzos que la Secretaría de Salud de Bogotá hace por esterilizar y entregar en adopción a muchos de los animales que captura, cerca de 12.000 de ellos, abandonados por sus dueños, acaban siendo sacrificados cada año.

Queda claro que la peor actitud frente a un problema así es considerarlo un asunto menor, del que solo se es consciente cada vez que ocurre un ataque. La solución tampoco puede plantearse desde el fanatismo o la barbarie, sino construirse con racionalidad y sin dilaciones.

Las secretarías de salud deben poner en marcha planes serios en este sentido, como lo señalan desde hace tiempo las normas; los ciudadanos, asumir responsablemente el cuidado de sus mascotas, y las autoridades de Policía, imponer las sanciones a que haya lugar a todo aquel que las abandone.

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